Los pescadores de Chiloé
Para los pescadores, las microalgas tóxicas sinónimo de desempleo casi seguro y de una familia más hambrienta que alimentar. (Fotografía cortesía de: M. Caniggia). Véase: Galería de fotos
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- Artículo principal: Las mareas tóxicas en Chile
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- Parte 1: Chile hace frente a las mareas tóxicas
- Parte 2: Los pescadores de Chiloé
- Parte 3: Los científicos de Santiago
- Parte 4: Las toxinas de las algas
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En la primera semana de marzo de 2002 unas 1 000 personas fueron despedidas. Simplemente toda la recolección de la cosecha de orilla se vino abajo. Fue entonces cuando en las plantas de procesamiento se inició el despido de trabajadores.
El Sr. Mario Chigani, pescador chileno, conoce demasiado bien los efectos de las apariciones de floraciones de algas nocivas, después de que éstas afectaran a la Isla de Chiloé en enero de 2002. Esta región pesquera, que realiza exportaciones que superan los mil millones de dólares, se encuentra a unos 1 000 km al sur de Santiago. La presencia de venenosas algas microscópicas dio lugar al cierre de esta región pesquera fundamental y causó estragos en su comunidad costera.
"Cuando se impusieron las suspensiones las plantas de procesamiento no pudieron funcionar durante varias semanas. Primero comenzaron a despedir a los trabajadores que no tenían contrato oficial, los que recibían su salario a diario. Algunos negocios se declararon en quiebra. El piso de hormigón es lo único que queda de una planta de procesamiento", dice el Sr. Chigani, presidente de la Asociación de Pequeños Pescadores de Chiloé.
"Las personas aquí no son ricas", dice. "Es por ello que cuando eso sucedió les fue imposible comprar los artículos que necesitaban. Por ejemplo, alimentos".
Las autoridades sanitarias cerraron las aguas costeras de la isla en promidio durante 80 días, y determinados bancos de mariscos durante nueve meses. El marisco es una de las principales fuentes de ingresos por exportación de Chile, con valores que ascienden a 90 millones de dólares de los Estados Unidos al año y 30 millones de dólares en el mercado interno. La suspensión impuesta costó a la región 186 000 dólares por cada día que permanecieron cerradas las aguas de Chiloé.
La isla fue declarada zona de desastre. Los transportistas no tenían pescado para transportar, los hoteles quedaron vacíos al cancelar los turistas sus vacaciones a orillas de mar y los vendedores en las calles no tenían quién les comprara sus gruesas medias tejidas a mano.
Los 130 000 habitantes de la comunidad de Chiloé han acomodado su vida al mar como medio de subsistencia. Muchos enfermaron al consumir mariscos contaminados. Tres fallecieron.
"La comunidad no había visto nunca antes nada igual, es por ello que la gente desconocía este fenómeno o no creía en él", señala el Dr. Ramón Andrade, Jefe del Departamento de Medio Ambiente del Hospital de Chiloé.
El Dr. Andrade recuerda un enfrentamiento entre las autoridades sanitarias y los pescadores en una de las playas. Una cadena de televisión local filmó el enfrentamiento. Las autoridades querían incautar la pesca a los pescadores. Frente a las cámaras un pescador dio un mordisco a un mejillón para demostrar que no había peligro. Minutos después se le entumecieron los labios, la lengua y la boca y fue trasladado de inmediato al hospital.
"La calidad de la relación entre el hombre y el mar ha cambiado", dice el Sr. Mauricio Caniggia, que trabaja para un grupo de la Universidad de Chile en la vigilancia de las floraciones de algas nocivas. Con el apoyo del OIEA, utilizarán una técnica nuclear -el análisis radiométrico receptor-ligando (RBA)-para investigar, detectar y notificar apariciones de floraciones de estas algas en la región.
"Por primera vez los productos básicos que los pobladores de Chiloé habían desde siempre comercializado y consumido, estaban contaminados. Por primera vez en la historia, alguien tenía que decirles qué podían comer y qué no. Y eso es muy difícil", indica el Sr. Caniggia.
La Sra. Russie Luengo cultiva choritos (mejillones). Todavía desconoce qué impacto tendrá exactamente la aparición de floraciones de algas nocivas de 2002. El fenómeno se produjo en la etapa de "siembra", cuando comienza a desarrollarse un nuevo cultivo de moluscos. Hasta que no llegue la época de la cosecha no sabrá si hay efectos sobre el tamaño y la calidad de moluscos. Es una espera angustiosa para todos los cultivadores de moluscos de Chiloé.
La Sra. Luengo dice que está harta de los cierres generales impuestos por las autoridades sanitarias. Ella se da cuenta de que están haciendo su trabajo con instrumentos limitados. Las bahías de Chiloé son inmensas, sus costas se extienden a lo largo de kilómetros. Ella sabe que las microalgas tóxicas pueden haber contaminado una zona sin haber afectado otra cercana. La Sra. Luengo sabe de la existencia de una sensible técnica, el RBA, capaz de detectar la presencia de algas venenosas en niveles en los que no sería posible hacerlo con los métodos actuales, y aguarda ansiosa su aplicación.
El Sr. Chigani se hace eco de sus sentimientos. "Tenemos que prepararnos para el próximo ataque. Necesitamos de la cooperación técnica para detectar con más precisión dónde está el problema, cuándo se presenta y cuándo desaparece", dice.
El Dr. Benjamín Suárez-Isla, científico, siente la frustración de estas personas. El Sr. Suárez-Isla conoce de primera mano las ventajas de la técnica de RBA.
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