La presencia de venenosas algas microscópicas da lugar al cierre de la región pesquera de Chile, que realiza operaciones por valor de mil millones de dólares, y causa estragos en su comunidad costera (Fotografía cortesía de: K. Hansen/OIEA). Véase: Galería de fotos
Ha causado la muerte a ballenas y el coma a leones marinos. Ha derribado pelícanos en pleno vuelo. A los seres humanos les ocasiona dolores que entumecen sus labios y muerte por asfixia. El culpable, un alga monocelular cuyas toxinas están clasificadas como uno de los venenos naturales más potentes del mundo.
Los científicos se refieren a esta especie como "floraciones" de algas nocivas. Sin embargo, se le conoce por muchos otros nombres, por ejemplo, "catastrófico fantasma" de los mares, según palabras de un alcalde chileno de los alrededores. Para los pescadores, el alga es sinónimo de desempleo casi seguro y de una familia más hambrienta que alimentar.
Casi todos los países costeros del mundo enfrentan en la actualidad estas floraciones de algas venenosas. Los moluscos filtran y absorben las algas tóxicas, que pueden ser mortales si son consumidas por los seres humanos. Los científicos desconocen el origen exacto de estas floraciones de algas nocivas y tampoco saben cómo detener sus apariciones. De lo único que están seguros es de que los ataques se están intensificando.
El método que suele emplearse para combatir las floraciones cada vez mayores es vigilar las aguas costeras y poner en vigor cierres generales de la industria de los alimentos marinos si se detectan niveles insatisfactorios de algas peligrosas. Sin embargo, este método es costoso y poco científico. Durante decenios los científicos han empleado ratones vivos - una técnica denominada bioensayo en ratones - para determinar si se puede otorgar la certificación de exportación a moluscos y mariscos. Se inoculan muestras de moluscos a los ratones y si éstos sobreviven durante una hora, se procede a certificar que el marisco es exportable.
El método provoca malestar entre activistas defensores de los derechos de los animales y frustración entre los pescadores y las autoridades sanitarias dado el tiempo que demora en proporcionar resultados y su falta de precisión.
"Existe un método mejor", dice el Dr. Benjamín Suárez-Isla, Director del Laboratorio de Toxinas Marinas de la Universidad de Chile. Una técnica nuclear denominada análisis radiométrico receptor-ligando (RBA) que ofrece un método de detección más rápido, menos costoso y más preciso.
Por medio de su programa de cooperación técnica, el OIEA se ha asociado con Chile, Filipinas, Nueva Zelandia, Australia, China, Malasia, Tailandia, el Pakistán, Sudáfrica, Namibia, Angola, el Reino Unido y los Estados Unidos para cambiar la polémica norma de exportación.
Kerry Burns, Jefe de la Dependencia de Química de los Laboratorios Seibersdorf del Organismo, vaticina que podrían transcurrir unos cinco años antes de que se acepte la técnica de RBA como norma aplicable a las exportaciones. Las aldeas y comunidades pesqueras necesitan con urgencia este instrumento de detección mejorado.
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