Dr. Benjamín Suárez-Isla, Director del Laboratorio de Toxinas Marinas de la Universidad de Chile. (Fotografía cortesía de: K. Hansen/OIEA). Véase: Galería de fotos
El Dr. Benjamín Suárez-Isla, Director del Laboratorio de Toxinas Marinas de la Universidad de Chile y principal funcionario de contraparte del proyecto de cooperación técnica sobre las floraciones de algas nocivas ha estado investigando este fenómeno durante 15 años aproximadamente. Gracias a la cooperación técnica del Organismo y el Gobierno de Chile, recientemente creó un laboratorio de toxinas marinas en la remota isla de Chiloé. En el laboratorio, los técnicos aprenden a utilizar la técnica de análisis radiométrico receptor-ligando (RBA) para alertar rápidamente sobre la aparición de algas tóxicas en esta importante región pesquera de Chile.
Cómo funciona este instrumento de vigilancia mediante la técnica de RBA
El RBA no es una técnica novedosa. Esta técnica nuclear se utiliza ampliamente en la medicina, por ejemplo para medir los niveles de hormonas. Por otra parte, no es la única técnica en la que centran su atención los científicos como una alternativa al bioensayo en ratones para controlar las toxinas de las floraciones de algas nocivas.
El Dr. Suárez-Isla explica que el procedimiento de la RBA consiste en mezclar una muestra de crustáceo con un "marcador" -una saxitoxina radiomarcada-que es básicamente una versión radiactiva de la misma familia de venenos detectados en los crustáceos. Cuando la mezcla entra en contacto con una pequeña cantidad de cerebro de rata, si la muestra es venenosa, la toxina radiactiva y el veneno compiten entre sí para enlazar los receptores de las células nerviosas del cerebro. Cualquier veneno presente en el crustáceo desplazará a la toxina radiactiva o "aniquilará" a su receptor, reduciendo su radiactividad total. Con sólo medir los niveles de radiactividad que quedan en la muestra los científicos pueden determinar con exactitud cuán bajas o elevadas son las concentraciones de toxinas en las muestras de alimentos marinos o de agua de mar.
"Tiene un grado de sensibilidad muy superior al del ensayo tradicional con ratones vivos", dice el Dr. Suárez-Isla. "Las autoridades sanitarias pecan por exceso de cautela al cerrar zonas costeras - lo que enfurece a los productores", añade. En lo que sí están de acuerdo las autoridades y los productores de alimentos marinos es en que se necesitan herramientas de detección más rápidas y precisas, como la técnica RBA.
"El lunes anterior a la aparición del brote de algas en Chiloé el nivel de toxicidad era cero, pero al lunes siguiente había superado con creces el límite de seguridad. Con la RBA las autoridades habrían tenido una alerta mucho más anticipada del brote que estaba por producirse y mejor información para la aplicación de las medidas del caso", dice el Dr. Suárez-Isla.
"Los negocios corren peligro, y la vida también. Cualquier técnica que permita reducir el tiempo de respuesta y que envíe una señal de alerta en relación con la seguridad o el peligro de las aguas será apropiada", nos dice el Sr. Juan Pérez, Alcalde de una localidad de la región de Chiloé.
El OIEA, a través de un proyecto de cooperación técnica, facilitó al Laboratorio de Toxinas Marinas de Chiloé los servicios de técnicos especializados en el equipo necesario para la observación marina mediante la RBA. La información que obtienen con esta técnica les permite elaborar un mapa más preciso de las aguas que son seguras y de las que están contaminadas, o podrían contaminarse. Los subsidios otorgados por el Gobierno de Chile a través del FONDEF-Conicyt al Dr. Suárez-Isla y a la Universidad de Chile han ayudado a establecer el Laboratorio, que servirá como centro de referencia para compartir información con otros laboratorios en calidad de usuarios finales. Las observaciones diarias efectuadas en el Laboratorio se publicarán en una página web, con lo cual los pescadores, autoridades sanitarias y otras partes interesadas podrán conocer la presencia de algas tóxicas en las aguas.
Habría que pensar también en otros métodos de vigilancia más humanitarios. El Dr. Ramón Andrade, regulador en la esfera sanitaria, señala un bote de basura que está lleno de ratones muertos hasta una cuarta parte. Dice que cada semana se usan alrededor de 1 000 ratones vivos en los ensayos de vigilancia de las aguas de Chiloé para detectar brotes de algas tóxicas. Algunos países han prohibido las importaciones de productos en cuyos ensayos se utilicen animales vivos. El hecho de que los ensayos con ratones vivos sean el tipo de certificación básica necesaria para la exportación de alimentos marinos hace que el sistema de exportación sea complejo.
El OIEA está realizando actividades con el objeto de que la "norma de oro" de las exportaciones pase de los ensayos con ratones a la técnica RBA. Con ese fin, el Organismo ha invertido más de 2 millones de dólares en proyectos regionales, ha facilitado la colaboración internacional entre las autoridades reguladoras y los institutos nacionales que utilizan la RBA, y ha determinado los pasos que son necesarios para llevar a cabo la certificación.
Las formalidades burocráticas son numerosas y, durante un tiempo, los acontecimientos hicieron que los propósitos principales se perdieran de vista. A fines de 2002 las actividades que se estaban realizando en la esfera de la certificación tropezaron con dificultades, debido a que los temores vinculados a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 contra los Estados Unidos colocaron la saxitoxina casi al comienzo de una lista de agentes de guerra química elaborada por los Estados Unidos. La única empresa comercial que producía la saxitoxina radiomarcada (necesaria para la RBA) dejó de hacerlo.
El OIEA inició actividades para lograr que se restableciera la producción de la saxitoxina radiomarcada y para que se eliminara de la lista de productos químicos considerados como agentes de la guerra química. Las medidas adoptadas condujeron a una especie de mina de oro. Durante los tres años siguientes este necesario producto químico será suministrado sin costo alguno al OIEA por la Food and Drug Administration de los Estados Unidos para su distribución a los países que están en la etapa de aprendizaje de la técnica RBA. "Es un acto muy generoso si se considera que el costo comercial supera los 40 millones de dólares", dice el Dr. Kerry Burns, Jefe de la Dependencia de Química de los Laboratorios de Seibersdorf del OIEA.
El proceso de certificación empieza este año, y los pronósticos en el sentido de que la técnica RBA pasará a ser la norma de las exportaciones son un poco más optimistas. Se considera que se necesitarán entre dos y cinco años, si todo marcha bien.
Próximo artículo: Las toxinas de las algas